De todos los materiales naturales, el corcho es uno de los que tienen mayor importancia, desde la antigüedad hasta nuestros días.

De hecho, su aspecto leve, su permeabilidad, resistencia a la putrefacción, resistencia térmica y acústica, flexibilidad, elasticidad, compresibilidad, y otras características mecánicas, hacen que sea un material perfecto.

Pero el corcho tiene, además de todas estas propiedades, algo fabuloso: se renueva, es reutilizable y reciclable, llegando a ser insustituible.

Las características cualitativas que condicionan su rendimiento industrial y que se distinguen más fácilmente son: la textura, la estructura, el color, el peso específico y la ausencia de parásitos.

El alcornoque (árbol de donde se extrae el corcho), como cualquier especie vegetal, consigue crecer en casi todos los ambientes; sin embargo, tiene preferencia natural por el clima mediterráneo, y en particular, ha demostrado tener una adaptación idónea en al sur de Portugal.

En efecto, Portugal obtiene aproximadamente la mitad de la producción mundial de corcho en aproximadamente un tercio del área total.

En lo que respecta a la calidad, la región de Azaruja es quizás la zona más alargada a nivel nacional, no solamente debido a las características geológicas y climáticas, sino también el mejor tratamiento de los cultivos habido de alcornoques circundantes – fruto de una simbiosis ancestral del conocimiento entre el agricultor y el preparador (fabricante de la placa).